El peinado de las mujeres también era un distintivo social. El peinado designado por los cronistas como de “cornezuelos” consistía en un entrelazado complicado: el cabello y los hilos de algodón se trenzaban terminando en dos pequeñas puntas arriba y a los lados de la frente. El tlacoyal, como se le conoce en algunas regiones de México, mostraba el empeño que las mujeres tenían en acicalarse, reflejándose en la diversidad de creativos peinados. Según algunas fuentes, este peinado era exclusivo de las mujeres casadas, las jóvenes y las solteras debían usar el cabello suelto. Así como los hombres, el sexo femenino podía usar joyas de acuerdo con su rango social, a excepción del bezote que era una prenda exclusivamente masculina. Las mujeres gustaban de adornarse con collares y pulseras, no importando la clase a la que pertenecían.
La vestimenta de la antigua civilización mexica estaba determinada por una rígida estratificación social, ordenada según rangos militares y sacerdotales. Esta jerarquía establecía cánones estrictos en la indumentaria de cada individuo. Los rangos sociales podían distinguirse a simple vista por los atributos que portaba cada uno de los encumbrados personajes. Los varones macehualtin, la mayoría de la población campesina, vestía el maxtlatl. Ropa manufacturada con ásperas fibras de ixtle (henequén, agave o yuca) con la que envolvían su cintura, y que con ciertos nudos peculiares dejaba caer las tiras colgantes al frente y detrás del cuerpo cubriendo las partes púdicas. Vestidos simplemente con el maxtlatl los hombres realizaban sus quehaceres cotidianos, deambulaban por la ciudad llevando mercancías al mercado, abastecían su hogar de alimento y leña, atendían las festividades religiosas, acudían a algún templo o trabajaban la tierra en sus chinampas ribereñas.

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